lunes, 5 de noviembre de 2018

El plástico

Enciendo el motor.
Los cables y el acero se estremecen
hundidos en el calor
por un mecanismo que les es impuesto.
Aprieto el acelerador.
La sustancia de la alquimia es un horizonte común
en el tablero del auto.
Debajo del parabrisas
el sol provoca un destello que recuerda
el espejismo del asfalto.
Es el plástico, pienso. El poliestireno, el fenoplasto.

Cuando era chico
no sabía nada de estos nombre que recuerdan hoy
a los pastores griegos.
Jugaba con esta misma alquimia
sin comprender que el candor
había sido quitado
a priori
por el alquimista.

(La mano confunde el árbol con la mesa
la mesa
con el jarrón,
el jarrón
con las flores sintéticas).
La mano casi no toca ya.
Se olvida de ese gesto
que subvierte
la materia telúrica
en objeto perfecto.
Quizás el lenguaje sea así.

En el tablero del auto
veo esa posibilidad del cubo y de la alhaja
en la alquimia perpetua
del fenoplasto.
Formas que el calor construye
en esta tarde en que manejo.



Poema de Bonzo, Ed. Recovecos 2012.


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